arrugado en mi cama,
con sábanas revueltas y cabello enmarañado. Viendo nubes correr y tanteando el tiempo que recorre veloz la sombras de flores, perros y el amargo café. Aquel que cae sobre mi muslo, ardiendo y con intenso olor a vida y a suave cotidianidad. Tan solo eso quiero hoy, no pido más que aquel recién pan horneado que siempre hemos comido y disfrutado al amanecer, cuando apenas despertábamos, revueltos entre sábanas y abrazados sin pensar, sólo por inercia y por que te quería y tu a mí también.
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